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miércoles, 27 de enero de 2016

La literatura del siglo XVII. Historia y sociedad. La prosa

Historia y sociedad

1.- Economía y organización social
En el SXVII se producen en Europa hondas perturbaciones que afectan a la vida cotidiana de las gentes: guerras, enfermedades, clima adverso, malas cosechas, hambre, etc., razones por las que este siglo se ha considerado como la centuria de la crisis o el siglo de hierro.
En el ámbito social y económico, se producen fuertes tensiones entre la nobleza y la burguesía. Aumenta el número de aristócratas que acumulan privilegios y riquezas, incrementan su posesión de tierras y refuerzan su poder.
En Francia o España se consolidan las monarquías absolutas. En Holanda o Inglaterra crece la importancia de la burguesía.
Particularmente llamativas son las revueltas campesinas que se extienden por Europa durante los años centrales del siglo.
Las diferencias religiosas están en el origen de la Guerra de los treinta Años. Los países del norte son más proclives al espíritu protestante, mientras que los del sur son defensores del catolicismo y del papado.

2.- Pensamiento y cultura en el siglo XVII: el Barroco
El término barroco ha sido adoptado para definir el conjunto de rasgos propios de la cultura de gran parte del siglo XVII. Es una continuidad y una evolución de las ideas básicas del Renacimiento, que termina por imprimir a la cultura del siglo XVII unos rasgos diferenciadores.
En el Barroco se produce una desvalorización de lo terreno y se insiste en ideas medievales como la brevedad de la vida y la caducidad de las cosas. La idea barroca por excelencia es el desengaño. Ahora domina una concepción negativa del mundo, caótico y confuso.
La vida está ahora presidida por la idea de la muerte. La vida es un tránsito, el tiempo lo destruye todo, la realidad es solo ilusión y apariencia, la vida es sueño -según reza el título de una obra de Calderón-. El hombre barroco es esencialmente desconfiado.
El pesimismo barroco se manifiesta mediante la angustia existencial, mediante la protesta o la sátira, mediante la evasión o la diversión o mediante una actitud estoica.
La estética barroca, exagera y lleva al límite el movimiento, el dinamismo, el contraste, la luz y las sombras…
En arquitectura aparecen las líneas curvas, se retuercen las columnas y se prefieren espacios grandiosos con una rica ornamentación. En escultura las figuras aparecen en movimiento y con ropajes agitados. En pintura se buscan los contrastes entre luces y sombras y aparecen perspectivas sorprendentes.
En literatura se suceden las expresiones brillantes, ideas ingeniosas, agudezas, etc. También están presentes en los textos el dinamismo y el movimiento, a través de la abundancia de imágenes o la oposición de contrarios (lo bello y lo feo, lo trágico y lo cómico). La exageración aparece, de forma que todo tendrá un carácter desorbitado, llegando a veces a la deformación (caricaturas grotescas de Quevedo).

3.- España en el siglo XVII
En España, el siglo XVII es el siglo de la crisis, en el que va perdiendo su supremacía en el continente. La crisis se produce a la vez en muchos frentes: la economía, la demografía, los disturbios interiores, las guerras exteriores o el fin de la dinastía de los Austrias.
Tres reinados jalonan la centuria: Felipe III (1598-1621), Felipe IV (1621-1665) y Carlos II (1665-1700). La importancia de la figura del rey se ve aminorada por el sistema de validos, especia de primeros ministros que ejercían realmente el poder.
El más importante de ellos será el valido de Felipe IV, el conde-duque de Olivares. Él intentará que España recobre el protagonismo internacional y tratará de aliviar las agotadas arcas estatales. Aunque España perderá importancia política en beneficio, sobre todo, de Francia.
Por el tratado de Westfalia (1648), España pierde Artois y otras plazas de Flandes y logran su independencia las Provincias Unidas (Holanda). Con la Paz de los Pirineos (1659) España pierde el Rosellón y la Cerdaña. Portugal logra su independencia en 1640.
El reinado de Carlos II marca el fin de la dinastía de los Habsburgo y continúa el declive internacional del país, pero existe mayor estabilidad interior.
En las tierras conquistadas de América, se desarrolla el criollismo. En torno a los criollos se irá gestando la nueva clase dirigente americana. Los rendimientos económicos de las Indias van siendo menores para España.
En los años centrales del siglo, la situación económica de España se degrada hasta límites extremos debido a las numerosas guerras en Europa, las epidemias de peste y otras enfermedades, el clima adverso con duras sequías o fuertes inundaciones, la disminución de llegada de metales preciosos desde América, los frecuentes conflictos interiores, los impuestos abusivos, la ausencia de una burguesía emprendedora; los políticos ineficientes, la corrupción, la mala administración, etc.
Todo ello provoca un drama demográfico. En cincuenta años la población disminuyó un veinte por ciento. Numerosas ciudades de Castilla pierden la mitad y hasta dos tercios de sus habitantes. La despoblación rural es también notable. Solo se salva Madrid por su condición de corte, que atrae a muchos desfavorecidos.
Con la expulsión de los moriscos, el reino de Valencia pierde la cuarta parte de su población y el reino de Aragón más del quince por ciento.
Se produce un declive en la agricultura, la industria y el comercio. En 1627 se produce una suspensión de pagos estatal, la inflación es enorme y continua la inestabilidad en los precios. Las mercancías españolas se e3ncarecen y pierden competitividad y el mercado se inunda de productos extranjeros más baratos, lo que provoca el cierre de la mayoría de las industrias españolas y el comercio queda en gran parte en manos extranjeras.
La conciencia de la aguda crisis económica, social y moral se extenderá entre pensadores y escritores, lo que explica en buena medida el pesimismo y el desengaño tan típicos del Barroco.

Transformaciones históricas de los géneros literarios: la prosa en el siglo XVII
Buena parte de los géneros literarios del XVI desaparecen: libros de caballerías o de pastores. También desaparecen los diálogos renacentistas. Y toman notable presencia la novela picaresca y la novela corta de raíz italianizante.
1.- La novela picaresca
Bajo esta denominación genérica se incluyen una serie de obras que, en la estela del Lazarillo de Tormes, se publican casi en su totalidad en el siglo XVII. No se trata tanto de la creación de un género concreto y específico con unos rasgos muy definidos, sino del lento surgimiento de un género moderno de la novela, cuyo camino habrían abierto el Lazarillo y el Quijote.
No obstante, puede hablarse de novela picaresca para denominar una serie de relatos que aparecen en unos pocos años y que comparten muchas características genéricas: el uso de la autobiografía para relatar aventuras de manera organizada, la estructuración de esa autobiografía mediante el servicio a varios amos, la justificación de toda la narración por el final, los orígenes innobles del protagonista, la evolución del personaje desde la niñez hasta la madurez, el punto de vista único, los frecuentes viajes del pícaro, etc. Características de las novelas picarescas son también, la inclinación del estilo hacia la oralidad y, sobre todo, la existencia de un lector implícito, tanto dentro de la narración como externo a ella, al que se supone que está dirigido el relato escrito al modo de una carta.
Las características personales de sus protagonistas, los pícaros, son: el afán de medro y de promoción social, que solo es posible en el mundo urbano en el que se mueve, que le permite el anonimato y el ocultamiento.
Merecen citarse algunas narraciones picarescas publicadas en el siglo XVII: Guzmán de Alfarache (1599-1604) de Mateo Alemán, El Buscón de Quevedo, La pícara Justina (1605), La hija de Celestina (1612), etc. Guzmán de Alfarache es la más notable e influyente de todas ellas. Dividida en dos partes, se publicó la primera en 1599 y la segunda en 1604, su autor es Mateo Alemán (1547-1615?)

2.- Narrativa costumbrista y novela cortesana
Narrativa costumbrista.- Tanto en colecciones de anécdotas o avisos como en algunos libros dialogados, las costumbres de la época adquieren especial relevancia.
Son relatos de esta índole El viaje entretenido (1603) de Rojas Villandrando, El pasajero (1617) de Suárez de Figueroa, El día de fiesta de Juan de Zabaleta, etc.
Novela cortesana.- Las novelas cortesanas son relatos generalmente breves que se publican durante el siglo XVII. Nacen y se consolidan en España bajo la influencia italiana y a la zaga de las Novelas ejemplares de Cervantes.
La mayor parte de estas novelas cortas forman parte, en general, de colecciones donde los relatos quedan insertos dentro de un marco más general.
El tema más frecuente de estas novelas cortas es el amor, suelen ser de ambiente urbano e incorporan recursos típicos de otros géneros narrativos: aventuras bizantinas, rasgos pastoriles, caballerescos o picarescos.
Los personajes son portadores de valores aristocráticos (belleza, virtud, nobleza), acordes con la ideología de la cultura barroca.
Michas de estas novelas afirman tener carácter ejemplar. Son ejemplares en el sentido de que exaltan una serie de valores de raíz aristocrática en unos tiempos en los que se tambalean los privilegios y fundamentos de la nobleza.
Además de Cervantes, otros autores escribieron relatos breves. Tirso de Molina es autor de Los cigarrales de Toledo (1624), Lope de Vega de las Novelas a Marcia Leonarda (1624).
Con todo, quizá las novelas cortas más leídas son las de María de Zayas: Novelas ejemplares y amorosas (1637) y Desengaños amorosos (1647).
3.- Prosa didáctica
Se trata de escritos de carácter didáctico que tratan muy diversos asuntos: históricos, políticos, religiosos, filosóficos, morales, estéticos, económicos, etc.
La prosa didáctica está escrita por autores arbitristas (economistas), filólogos, gramáticos, eruditos o religiosos.
La literatura emblemática es un tipo de literatura que se pone de moda desde la segunda mitad del siglo XVII. Un emblema o empresa consistía en una representación gráfica (un grabado) de carácter alegórico, seguida de un comentario o glosa del grabado. La colección más importante de emblemas son las Empresas políticas (1640) de Diego Saavedra Fajardo.
Junto a Quevedo, el prosista español más importante es el jesuita aragonés Baltasar Gracián (1601-1658).
Baltasar Gracián. El conceptismo
El conceptismo es la principal tendencia estilística del Barroco español. Se basa en las asociaciones ingeniosas de palabras o ideas. Gracián lo define como “un acto del entendimiento que expresa la correspondencia que se halla entre los objetos”.
Se tiende a un lenguaje conciso y lleno de contenido. Los recursos formales más utilizados son la antítesis, la paradoja, la sentenciosidad, las hipérboles, los equívocos, la combinación de diversas acepciones de un mismo vocablo, etc.
Gracián. Vida
Su vida transcurre íntegramente en los territorios de la corona de Aragón, donde fue profesor en diversos centros de su orden religiosa.
Su actividad de escritor le acarreó numerosos problemas dentro de la Compañía de Jesús. Sufrió diversas sanciones y en el último año de su vida se le castigó con represión pública, ayuno a pan y agua, prohibición de escribir y encierro. Muere en 1658.
Todos los libros de Gracián están escritos en prosa y tienen una intención didáctica y moral. Su prosa es muy densa y concentrada. Está construida a partir de oraciones breves en las que dominan la antítesis y el juego de palabras en los que estas suelen contener diversos significados.
Sus principales obras son El héroe, El político don Fernando, El discreto, y la que es su obra maestra El Criticón (tres partes: 1651, 1653 y 1657)
El pensamiento de Gracián es hondamente pesimista y, por ello, muy barroco; el mundo es engañoso, el hombre es un ser débil, miserable y malicioso.
El pensamiento de Gracián tuvo una enorme repercusión en la Europa de su época, y su influencia fue determinante en el moralista francés Rochefoucauld, así como en filósofos alemanes de la talla extraordinaria de Schopenhauer o Nietzsche.

Estudio y antología

1.- Quevedo prosista
1.1.- Vida y personalidad
Francisco de Quevedo y Villegas nació en Madrid en 1580. Estudió en Madrid con los jesuitas y luego en las universidades de Alcalá y Valladolid.
Pronto dio muestras de su talento como escritor y eligió el camino de la política y de la diplomacia. Viajó a Italia de la que regresa a España y con la subida al trono de Felipe IV vuelve a Madrid, donde apoya, en principio, las ideas reformistas del conde-duque de olivares.
Fue muy estimado en los medios cortesanos por su ingenio y agudeza, y sus escritos jocosos y sus chistes le dieron notoriedad en los medios populares. Sin embargo, era un hombre introvertido, de mal genio y agrio carácter.
Tras un breve y fracasado matrimonio, y enemistado con el conde-duque pasa, por orden de este, el final de su vida en prisión en San Marcos de León. Es liberado en 1643 y muere en Villanueva de los Infantes en 1645.

1.2.- Su obra en prosa
Quevedo fue escritor en multitud de géneros. Escribió abundantes poemas de altísima calidad, una comedia, numerosas obras en prosa y una docena de entremeses de cierto interés, aunque su actividad como autor teatral es poco significativa.
Su prosa abarca una novela picaresca (El buscón) y el resto de sus libros son muy diversos y de contenido y carácter muy variado: político, filosófico, satírico, moral, humorístico…
De carácter político son Política de Dios, gobierno de Cristo y tiranía de Satanás, y Vida de Marco Bruto.
Escribió obras festivas durante toda su vida, como La vida de corte o El chitón de las taravillas.
Sus obras en prosa más importantes son las de carácter satírico-moral: Sueños, La hora de todos, etc.
El Buscón
La Vida del Buscón llamado don Pablos (o Historia de la vida del Buscón, llamado don Pablos; ejemplo de vagamundos y espejo de tacaños) se imprimió por primera vez en 1626.
En su creación, Quevedo parte del Lazarillo y del Guzmán, pero modifica a su antojo los patrones y acaba escribiendo un texto muy original. Quevedo no supera narrativamente las novelas precedentes pero sí las supera en ingenio lingüístico.
Estructuralmente los diversos sucesos no van unidos entre sí con la finalidad de explicar algo, sino que son una serie de escenas o cuadros en los que Quevedo despliega su ingenio y maestría de escritor.
Quevedo explota las características de sus personajes y exagera sus rasgos para conseguir generalmente efectos humorísticos, de ahí que muchos de esos personajes terminen por ser estilizadísimas caricaturas.
El Buscón es básicamente un alarde literario en el que Quevedo despliega sus finísimas dotes de estilista, a la vez que es una obra que nos permite descubrir la mentalidad conservadora de su autor y su defensa de los privilegios nobiliarios.

1.3.- Estilo
Los rasgos de la prosa de Quevedo son: la agudeza lingüística, la tendencia a la exageración, la caricatura, las comparaciones hiperbólicas. Así como características conceptistas como contrastes, paradojas, hipérboles, equívocos, elipsis, etc.
Quevedo es la síntesis de la literatura de tradición oral con la tradición culta del Humanismo.

Lo grotesco y lo extraño tiene una acusada presencia en el arte de Quevedo.

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